Disimuló el escalofrío que le provocó su imaginación (Casi había visto la sombra de Zeros entrar por la puerta, triunfante) y suspiró sin ganas.
- La verdad es que no espero a nadie más... pero me parece una idea estupenda... hace siglos que no juego a las cartas (exceptuando los solitarios, claro). Pero ciertamente necesitamos un cuarto para el mus. ¿Podrías llamar a alguien... -comenzó a pedir pensativo dirigiendose a Angel- sin moverte de aquí...- dudó un momento casi imperceptible antes de rectificar- no mejor...: cuida de nuestra invitada.
Y apenas había terminado de hablar se levantó como si se dispusiera a salir por la puerta pero antes de dar la vuelta al sillón donde estaba sentado desapareció.
Angel se envaró los segundos que tardó en dilucidar que debía hacer si quedarse como le habían ordenado o seguirle como le habían ordenado... pero en el momento en el que iba a reaccionar ShirakDur reapareció justo donde había desaparecido y volvió a sentarse en el sillón.
Orion estuvo apunto de abrir la boca para hacer un comentario jocoso y banal que absorbiera cualquier posible tensión que se hubiera crecido en el momento.
- Pasa, pasa...- invitó ShirakDur mientras volvía a acomodarse sonriendo traviosamente en el sillón.- te estábamos esperando.
La puerta se abrió para dejar pasar a un joven de diecimuchos veintipocos años, pelo castaño, largo, con toques rojizos en las espirales de sus rizos. Unos ojos rápidos y fríamente azules echaron un vistazo a la habitación antes de turbarse con la precaución y el miedo.
- ...Mi Señor... - titubeó sin dejar muy claro a quién se refería.
Angel no necesitó mirar para saber de quien se trataba; tampoco necesitaba pensar mucho para saber a quién se estaba dirigiendo realmente aquel jovencísimo demonio. Formaba parte de las nuevas huestes que Elk, en su alianza con ellos, había compartido aumentando sus problemas a la vez que los subordinados a su cargo. Sin embargo aquel joven siervo, que acostumbraba a aparecerse como un desarrapado universitario de pantalones vaqueros y sudadera desgastada era sin duda uno de los que más se había servido, por su diligencia en todo lo que hacía y su habilidad innata para espiar, engatusar y pasar desapercibido incluso después de haber participado activamente en una conversación. Ahora confuso, le pedía instrucciones sin tener muy claro si tenía que pedírselas.
posted by Zo'ar Elhelzor at 8:40 p. m.